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Todos hemos conocido a alguien que es fan de una marca. Incluso nosotros mismos podemos identificarnos como esos que “lo tienen todo” de un determinado fabricante. Lo cierto es que, por mucho que pueda parecer una actitud excesiva, exagerada o poco inteligente, no siempre tiene que ser necesariamente así. Todo lo contrario: en ocasiones, los fabricantes realmente se esfuerzan por aportar un valor diferencial a su ecosistema de productos y soluciones.

La clave, o una de ellas, es identificar si el fabricante en cuestión quiere hacernos cautivos de sus productos, cerrando o limitando la funcionalidad para impedir veladamente que adquiramos dispositivos de terceros, o para “invitarnos” a que contratemos servicios de valor añadido, para redondear un producto que de un modo u otro funcionará a medias si no lo hacemos. Si es el caso, lo mejor es pensárselo dos veces antes de caer en la trampa.

Ecosistemas con sentido: solo si son abiertos

En otros casos, los fabricantes pueden trabajar para hacer que sus productos funcionen mejor entre ellos, pero sin cerrar o limitar funcionalidades a la interacción con soluciones y productos de terceros. No es demasiado habitual, especialmente si pensamos que no es fácil encontrar compañías suficientemente “grandes” como para tener diferentes líneas de productos, junto con departamentos de I+D significativamente importantes como para afrontar el diseño e integración de tecnologías propias.

El carácter abierto de un ecosistema es esencial para evitar que el usuario pueda acabar “atrapado” en unas decisiones de compra condicionadas por la compatibilidad con tal o cual dispositivo. La funcionalidad no tiene que estar condicionada por la marca. Al menos en lo que a la funcionalidad “normal” se refiere. Si el fabricante ofrece funcionalidades o tecnologías de valor añadido sobre las que encontramos en los dispositivos convencionales, es ahí precisamente donde encontramos también el valor añadido del ecosistema de la marca.

En un ecosistema, el eslabón más débil no puede estar en la calidad de los dispositivos conectados. El reto está en ofrecer la máxima calidad y funcionalidad para que no haya que buscarla “fuera” del ecosistema

Huawei, sin ir más lejos, además de fabricar y desarrollar dispositivos dentro de su división de consumo que abarcan desde smartphones y tabletas hasta altavoces, pasando por smartwatches, pulseras de actividad, wearables, portátiles o auriculares, sin olvidar routers para la conectividad de red, ha desarrollado tecnologías alrededor de sus productos con el objetivo de hacer más fácil la vida a los usuarios.

Huawei: un ecosistema abierto y con un importante valor añadido

La amplia variedad de productos que ofrece a los usuarios en su división de consumo ha sido una oportunidad de cara a diferenciarse de la competencia. En la vida diaria, usamos en la mayor parte de los casos portátiles Windows, móviles Android, tabletas Android, werables con sus propios sistemas operativos y accesorios diversos como los altavoces y auriculares, entre otros.

Uno de los mayores problemas a los que se enfrentan los usuarios es el de compartir archivos y contenidos entre estos dispositivos, o configurarlos adecuadamente. Cada dispositivo, en un escenario de uso tradicional, es “de su padre y de su madre”, como se dice coloquialmente, lo cual obliga a los usuarios a “buscarse la vida” para sincronizarlos entre sí o para instalar aplicaciones de configuración, si las hay.

Huawei ha ido introduciendo estos años tecnologías y aplicaciones capaces de hacer que los dispositivos Huawei “hablen” entre sí, pero sin perder la capacidad de “hablar” con otros dispositivos y ecosistemas. Es como si ofreciera dispositivos políglotas, pero con la capacidad de decirse las cosas más rápido, mejor y de maneras más polivalentes usando el propio lenguaje de Huawei. Ese lenguaje, por decirlo de un modo resumido, es Huawei Share.

La calidad: el cimiento de un ecosistema

Por supuesto, Huawei parte de una premisa fundamental que ha ido cuidando de una manera especial a medida que su ecosistema ha ido creciendo: la calidad. De poco vale tener un móvil como el Huawei Mate 40 Pro, que puede “pasar” la música al altavoz Huawei Sound X con un toque simplemente, si el altavoz no sonase bien.

De poco vale que se pueda configurar con todo detalle unos auriculares como los Huawei FreeBuds Pro, y que se sincronicen con el smartphone o tableta sin más que abrir la tapa del estuche, si la calidad del sonido no es elevada. Tampoco vale de mucho que el Huawei Watch GT 2 Pro permita recibir llamadas desde el móvil o hacerlas, o que podamos usar el reloj como disparador remoto para la cámara del móvil, si el reloj no tuviera una construcción sólida, con sensores precisos o una autonomía de más de dos semanas.

Contar con funcionalidades que eliminen “costuras” en la experiencia de uso, o que ahorren tiempo a la hora de realizar ciertas tareas, o que permitan sacar más partido a un dispositivo, son razones de peso para elegir productos de la misma marca

De poco vale que podamos sincronizar nuestro smartphone Huawei P40 Pro o Mate 40 Pro, por ejemplo, con un portátil Huawei MateBook X Pro sin más que acercar el teléfono al portátil, si el laptop no tiene un rendimiento óptimo o una autonomía prolongada, o una pantalla que facilite el trabajo en un escenario multitarea. O sin que la sincronización sea fluida e inmediata.

En un ecosistema, el eslabón más débil de la cadena no puede estar en la calidad de los dispositivos conectados. Todo lo contrario: el reto está en ofrecer la máxima calidad y funcionalidad para que no haya que buscarla “fuera” del ecosistema.

Lo tengo todo y algo más: la filosofía de un buen ecosistema

La respuesta del titular la podemos responder con claridad a la vista de ejemplos como el que ofrece el ecosistema de Huawei: sí merece la pena tener varios productos de la misma marca. Partiendo de una calidad sin fisuras en aquellos puntos clave que caracterizan a cada dispositivo, contar con tecnologías y funcionalidades que eliminen “costuras” en la experiencia de uso, o que ahorren tiempo a la hora de realizar ciertas tareas cotidianas, o que permitan sacar más partido a un dispositivo, son razones de peso para elegir productos de la misma marca.

En el ecosistema de Huawei tenemos muchos ejemplos que ilustran esta filosofía: el router Wi-Fi 6 Huawei WiFi AX3, por ejemplo, además de ofrecer la mejor tecnología WiFi añade Wi-Fi 6 Plus, que permite manejar velocidades de transferencia aún mayores que las de Wi-Fi 6 cuando se usan terminales Huawei compatibles, o hacer que la cobertura de la red sea mayor al emplear tecnologías de red que “hablan” al móvil desde el router, y vicecersa, usando ese “lenguaje Huawei” específico del ecosistema.

Si seleccionamos múltiples fotos en el móvil y lo acercamos a un portátil compatible con Huawei Share OneHop, automáticamente se transferirán al ordenador. Parece magia, pero no es más que una funcionalidad que aprovecha el ecosistema de Huawei para facilitar la vida a los usuarios

Sus móviles pueden transferir con un toque la música que esté sonando en nuestro dispositivo a un altavoz con el Huawei Sound X. Es instantáneo y, con un gesto muy intuitivo, pasamos de escuchar una canción en nuestro móvil a escucharla en un altavoz capaz de llenar una habitación con su sonido.

En los portátiles Huawei compatibles con Huawei Share OneHop (un salto), sin más que acercar nuestro terminal al ordenador, tendremos sincronizado el smartphone con la sesión en Windows, de modo que podremos usar el móvil directamente desde la pantalla del portátil y transferir fotos, vídeos o documentos, e incluso copiar y pegar desde un dispositivo a otro. Lo mismo podemos hacer entre el móvil y una tableta Huawei como la MatePad Pro.

Si seleccionamos múltiples fotos en el móvil, si lo acercamos al portátil, automáticamente se transferirán al ordenador. Parece magia, pero no es más que una funcionalidad que aprovecha el ecosistema de Huawei para facilitar la vida a los usuarios. Huawei Share, cuando hablamos de móviles y tabletas Huawei, permite compartir de un modo tan sencillo como seleccionar y transferir, archivos desde un terminal móvil o tableta a otro móvil o tableta Huawei. Y la transferencia se realiza de un modo casi instantáneo usando la mejor conectividad inalámbrica posible entre ambos dispositivos.

En el servicio Huawei Música, el modo Fiesta permite sincronizar hasta 8 móviles o tabletas Huawei para que cada uno de ellos actúe como un altavoz. Tan solo escaneando un código QR podremos añadir dispositivos instantáneamente. Los auriculares Huawei FreeBuds Pro se sincronizan con un dispositivo Huawei tan solo abriendo la tapa del estuche. Y con un gesto podemos cambiar entre dos dispositivos sincronizados con los auriculares.

Con Huawei Cloud será posible sincronizar configuraciones y contactos a través de nuestra Identidad de Huawei. Los relojes Huawei Watch GT 2, GT 2e o GT 2 Pro pueden usarse como disparador remoto para las cámaras de los móviles Huawei. Y los GT 2 y GT 2 Pro pueden recibir llamadas y hacerlas cuando los usamos con móviles Huawei sin necesidad de que lleven una SIM.

La aplicación Huawei AI Life permite configurar con el máximo nivel de detalle los dispositivos de la marca conectados a nuestro móvil o tableta, así como centralizar funcionalidades como el mando a distancia infrarrojo que llevan muchos dispositivos móviles de Huawei.

Con el cargador de un portátil MateBook, podemos aumentar la autonomía con la tecnología de carga rápida óptima para cada dispositivo tanto tabletas como móviles como el propio portátil Huawei: un solo cargador para tres dispositivos y con la carga más rápida para cada uno de ellos. Y además, con la carga inversa inalámbrica, podremos cargar los auriculares FreeBuds y hasta el Huawei Watch GT 2 Pro.

Calidad, compatibilidad, apertura… Las claves de un ecosistema

Si en los dispositivos de un fabricante encuentras calidad, compatibilidad con otros dispositivos sin que haya tecnologías propietarias en lo esencial, y ese “algo más” que aporte valor añadido real, no dudes en tenerlo todo de ese fabricante.

Hay casos en el pasado y presente de ecosistemas en los que solo puedes usar una cámara 360 con dispositivos de ese fabricante: ni mucho ni poco puedes usar esa cámara con otros móviles. Hay casos de ecosistemas en los que es prácticamente imposible “sacar” las fotos y los archivos de un terminal o una tableta si no es a través de la propia nube del fabricante o usando aplicaciones para las que no hay alternativas. Cuántas veces hemos oído eso de que “es que si me salgo de tal o cual marca no sé cómo pasar las fotos o los contactos”. Si es el caso, lo mejor es pensárselo dos veces antes de “entrar” ahí, o dar el paso y “salir” de ahí lo antes posible. Los ecosistemas cautivos no son lo más recomendables.